cuenta atrás

Por fin, después de muchos meses de buscar y aprender, de equivocarse y de volverlo a intentar, de horas robadas al sueño y a las no-vacaciones, por fin estamos a punto de abrir la tienda on-line. Ya no queda nada, ¡¡¡¡sólo 5 días!!!

Esperamos que os guste cómo ha quedado la tienda y la nueva web, y sobre todo que allí os sintáis como en casa.

Por ahora tenemos varias secciones. Para verlas, pinchad en la TIENDA: camisetas para peques, para mujer y para hombre, bolsos, cojines y láminas para decorar. Poco a poco iremos añadiendo más productos y completando con más tallas. También tenemos pensado añadir más categorías. Os iremos avisando de todo.

También tenemos una pequeña sección de outlet, porque aunque nuestra producción es slow y nunca tenemos grandes stocks ni solemos descatalogar diseños, a veces nos queda suelta alguna prenda que necesita encontrar un hogar 🙂

A quienes nos acompañáis desde los inicios de esta aventura en la que ponemos todo de nosotros, muchísimas gracias por estar siempre ahí. Por el apoyo y por hacernos sentir que, pese a todas las dificultades,  esto tenía que seguir adelante.  Y a quienes nos acabáis de conocer, esperamos que esto sea el comienzo de una gran amistad.

Muchas gracias por confiar en aQ ento, por compar pequeño y local y por contribuir también a mantener un mundo rural vivo. Y un sueño cumplido. Gracias, gracias, gracias.

 

aQ ento (se lee A Cuento, con Q y sin U)

Ayyyyyyyyyyy, cuántas veces lo he repetido ya y cuántas lo tendré que repetir a lo largo de mi vida. Y es que sí, el nombre es malo, pero malo, malo. De narices. Vamos, que igual tiene sus cosas buenas (algún día puede que descubra cuáles) pero creo que no cumple ninguna de las premisas que te dicen que cumplas los que saben de esto. De hecho, si pensáis montar algo, no hagáis como yo. Os recomiendo que por ejemplo, os leáis este POST al que yo llegué tarde.

¿Que por qué aQ ento (se lee A cuento, con Q y sin U)? Pues primero por vergüenza. Porque podría haber puesto mi nombre y tópalante. Después por  buscar un dominio+ un perfil de FacebookInstagram que no estuviera pillado. Que no es fácil, ¿eh? pero nada nada. Y por último por burocracia.

Yo tenía pensados otros nombres para la marca  y resulta que al querer registrarlos en la oficina española de patentes y marcas me encontré con que tienes que registrar algo que sea diferente, que suene diferente y con un diseño visual diferente. Todo diferente. Las ideas que yo tenía me decían que sonaban o se escribían remotamente parecido a otras que ya estaban registradas. Por ejemplo, A Cuchos -que significa llevar a un peque a hombros en Cantabria- me decían que se parecía a Schuss (¿¿¿ein???). Así que tuve que cambiar. Y aconsejada por el funcionario que me ayudó, jugué con la Q. Y es que si no, por cada solicitud de nombre nueva, me tocaba pagar de nuevo y empezar otra vez todos los trámites.

Así que intentando asegurar por un lado, fallé por el otro. Y con ese nombre me he quedado. Que mira, después de todo ya le he cogido cariño. Sobre todo por los pajaritos. Pues eso, que es aQ ento (se lee a Cuento, con Q y sin U). Ah, y para hacerlo más-difícil-todavía voy y en la web le pongo un guión medio, si es que…

 

el hombre que amaba las islas

Este año, en el curso semestral de libro ilustrado de Billar de letras nos ofrecieron hacer cinco ilustraciones a dos tintas de El hombre que amaba las islas, de D.H. Lawrence. La editorial Traspiés iba a seleccionar una de las propuestas para editarla y finalmente la ganadora ha sido Begoña Fumero (que hace unas cosas preciosas, por cierto).

Pero me apetecía enseñaros mi propuesta también. Me ha costado, tanto por la narrativa que tiene este cuento, como por cómo va desgranado los personajes (y cómo desde la ilustración los tienes que ir construyendo) y por el carácter del protagonista. Pero a la vez he disfrutado recreándome en una estética británica de principios del siglo XX con las múltiples lecturas (incluyendo la influencia del espiritismo y ciencias ocultas de esa época que he intentado reflejar en las ilustraciones),  y sobre todo aprendiendo. Aquí os las dejo. La técnica es manual, tinta china y tinta china aguada (lavis), y el color añadido digitalmente.

“Una isla, si es bastante grande, no es mejor que tierra firme. Ha de ser realmente muy pequeña para que dé la sensación de isla (…). La isla adquirida por nuestro potencial isleño no se encontraba en los remotos océanos (…) pero tenía una buena y sólida casa, bastante sombría, que se alzaba por encima del embarcadero, y más allá, una pequeña granja con cobertizos y unos pocos campos distantes. Abajo, en la pequeña ensenada donde estaba el embarcadero, había tres casitas en hilera, como viviendas de guardacostas, todas pulidas y enjabelgadas. ¿Puede haber algo más acogedor y hogareño?” (La primera isla)

“Llegó el tiempo de la recolección, y la cosecha fue magnífica. Tenían que celebrar el fin de la cosecha con una cena. Ahora el largo granero estaba restaurado por completo, y lo habían ampliado. el carpintero había construido unas mesas alargadas. Colgaron faroles de las vigas del alto techo. Todos los habitantes de la isla se reunieron”. (La primera isla)

“A la mañana siguiente, un mozo de labranza se presentó para informar de que una vaca se había despeñado por el acantilado. (…) Fueron precisos varios hombres para alzarla (…)”. (La primera isla)

“En las noches oscuras el patrón podía ver las luces en la que había sido su isla, donde la compañía hotelera agasajaba a invitados(…). -Esta mañana he encontrado la saxífraga dorada (…). Ella le miró con fascinación en sus ojos castaños, en los que había un dolor sordo que a él le asustaba un poco. -¿La ha encontrado, señor? ¿es una flor bonita? (…) Fue una especie de compasión hacia ella lo que le hizo convertirse en su amante”. (La segunda isla)

“¡Los elementos! ¡Los elementos! No puedes vencer a los elementos. (…) Mientras miraba, el cielo se oscureció y se enfrió de una manera misteriosa. desde lejos llegó el murmullo del trueno insatisfecho, y supo que era la señal de la nieve que caía sobre el mar. Se dio la vuelta y notó su hálito en él”. (La tercera isla)